-Transparente no es lo mismo que blanco.
-¿Qué puede ser transparente?
-Un vidrio de una ventana. Esa facilidad para descifrar lo que hay detrás, para predecir una llegada y hasta una partida; el tiempo predecible: el día y su luz templada, la tarde y su intenso calor, la noche y el frío cortante.
-Frágil, muy frágil. ¿Por qué juegan cerca del marco de mi alma?
-Ven que estas cerca, tranquila y algo ausente de ti.
-Me ocultaré. El blanco es mi color favorito, rebota los destellos del sol sin dejar a obscuras, protege del frío y el gris de la lluvia, aunque la lluvia me gusta pero no cuando se filtra en mis ojos, es triste. Pondré una cortina.
-¿Así nada más?
-A las seis de la tarde abriré un poco la cortina, me gustan los tonos cálidos del sol.
-¿Y la luna?
-Cierto, amo el reflejo que destella en las noches, incluso el frío me gusta cuando ando inquieta de sueños, cuando no puedo dormir y pienso que soy invencible.
-Entonces el amanecer ¿no podrá contemplarte?
-¡Ese loco! Es bipolar, puede que me abrace con la esperanza de un nuevo día, de los tonos, calor, frío, lluvia, juego, vida. Y otras que me despierta cuando más tranquila estoy, en mi estado de seguridad total.
¿Qué hago si la cortina no funciona?
-Despierta.
María Fernanda Méndez Aguayo