miércoles, noviembre 21, 2012

Serenata sin luna


Como cada noche,
en las alas de mi obscuridad;
mi refugio es el cuarto del balcón.

Duermo y sollozo ahí,
el aroma de las rosas del amado
embriagan mi paz.

A lo cerca, un mariachi;
una melodía que interrumpe
mi insomnio y me hace cantar.

Elevado por la curiosidad,
mi cuerpo se desliza hacia el balcón
y observa atónito una serenata.

Pero es cualquier cantar, es cualquier tocar,
 porque en esta noche, aquí… una serenata sin luna.

La luna no está, ya no mas,
no desde aquella noche que
José Alfredo le cantó al oído y se enamoró.

¡Se lo llevó! ¡La luna se ha llevado al gran Jiménez!
 Ahora ninguna serenata sabe a él.

¡Se fueron! Tal vez ya no regresen nunca;
 no importa porque  se fueron juntitos los dos de la mano de Dios.

María Fernanda Méndez Aguayo

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