A mi tío abuelo Tobias.
Siento que te extraño...
que ironía, aquí estás.
Esta noche te veo a los ojos,
como siempre, mi querido,
te contemplo en el cielo.
En los rincones de las nubes
está tu sonrisa sutil y parpadeante.
Con el sol se desvanece la sombra,
pero bajando la vista por donde paso
te encuentro detrás, al lado, de frente,
de mí, mi sombra, reflejo... eres tú.
Te fuiste siendo yo pequeña,
estrellita de tu amanecer me encendías.
Abuelo.
El viento me recorre a tu carcajada,
el milagro de mi visita y tu palabra favorita.
Cintas de música que anhelaba escuchar
a tu lado, en tardes que se hacían días,
meses, unos pocos años y se detuvo
el casette de tu melodía interna.
Pedí que fueras cometa para soltarte,
una tarde cálida de primavera
en un verde desnivel de no sé donde.
Ahí donde nunca te volveré a ver
y ahí donde siempre te encontraré.
María Fernanda Méndez Aguayo
