martes, marzo 06, 2012

...

La última mala enseñanza que aprendí fue fumar soledad.

En un punto no muy exacto sellé una promesa,
una promesa que ya había concluido y no cumplí.

Todo lo que sentí estos últimos meses
se consumió en varios cigarros.

No era humo de cigarro,
es mi alma que se fue flotando,
ya no se siente en mi cuerpo.

Mi estómago vacío se siente aplastado,
no hay presencia, no hay, no hay...

Cansada, perpleja, perdida
llegué a mi habitación deshabitada,
la música seguía como el destino me la quiso jugar.

Canciones tristes me tiraron en la cama
y sobre mi cuerpo no había más que calor.

El fuego que consumió los cigarros
se quedó en mi cuerpo paralizado.

Agua.... apaga en mi esta sensación
que quiero llorar pero mi sed esta desértica.

María Fernanda Méndez Aguayo

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