No quiero más abrazos solos,
tragedia de nadie, locura de nosotros.
Estremecido en la orilla de tu cama
gritas la desdicha de tu vida
en pedazos sin vida, lágrimas huecas.
Yo, que el reloj te arranqué,
tiré de tu mano a la punta del cielo,
cortaste dulcemente mis dedos
y logré escapar del chantaje
la mentira que era tu mirada.
Ma. Fernanda Méndez Aguayo
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