que nubes y lunas sean mi cama.
Dormir, intactos están mis sueños.
Una playa frente a la ventana,
desapareceré el mar en mis manos.
Risas, desde ecos, sordera.
¿El mundo habla?
¡Que grite!
Correr, correr, correr.
No existe la voz,
es la tierra debajo de mi sombra
anuncia mi entrada, soy ocaso.
Lloro, y es el viento flor de agua.
Veneno que absorbe y me traga.
Entonces el blanco crea obscuridad
¿y mis ojos?
el cielo, cama de una extraña
nubes y lunas, casa del sol.
María Fernanda Méndez Aguayo

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